Vistas de página en total

sábado, 22 de octubre de 2011

Caminó en medio de las piedras
del tiempo. En cada tropiezo
un ángel sostuvo su caída;
en cada lágrima, un pliegue
del manto borró la huella;
en cada día sin sol
la mirada de sus ojos celestes
iluminó su sendero.
¿Qué voz resonó en las noches
para que la luz al fin naciera?

miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Dónde?

¿Dónde esconder el alma
cuando las miserias humanas
sobrepasan todos los límites?
No hay hueco donde ocultarla,
ni objeto que la cobije.
Busco el lugar, el escondrijo,
para que la venganza
no le  germine.

En las sombras

Están los amantes a la sombra
de viejas destrucciones. Sus rostros
desmienten la alegría de la  luna naciente.
Los tejados grises contemplan un cielo
de chimeneas que juegan a las bromas
de humeantes formas. Un aire de vals
se cuela entre las voces. Mientras,
las dos siluetas ruegan fidelidad
a las palabras.

Verona

En la hermosa Verona acaecieron los amores.
Fue el odio de los adultos lo que obligó a sus hijos a pagar la sangre derramada.
La tragedia dura dos horas en el escenario y... siglos en nuestra historia.

martes, 18 de octubre de 2011

Fantasmas muertos.

Nunca pude hablar con ninguno de ellos pero los veo. Funciona así, no lo busco, simplemente se da. Detrás de un crochet maravilloso tejiendo imparable veo a mamá, en la vieja estación de trenes llegando, siempre llegando, veo a papá, atrás de las cartas de truco sonriendo veo a Carlos el papá de mis hijos, robando objetos inverosímiles o coleccionado piedras casi mágicas veo a mi hermana, en la chacra como matrona que fue veo a la abuela. Y así sería la lista interminable de ver a mis muertos. No los persigo, no los convoco, en algún momento desfilan por mi mente, así, sin más. Por eso ese día cuando vi tu fantasma en la calle me sorprendí, iba majestuoso, soberbio, orgulloso. Pero no sé por qué en la calle, si yo más que nadie sé qué cosas te gustaron más. Y no vi tu piano, ni vi tus libros, sólo tu paso magistral por la acera llena de sombras. Pero tu fantasma me sorprende aún más: - Todavía estás viva…- me dice por lo claro y casi sobre mi cara. Mis fantasmas nunca me hablan. Me alejo sin pronunciar nombres. No me atrevo a volver la cara. Me voy ajustando a la tarde sin aflojar el llanto. Después cuando llego a mi guarida me agarra el loco deseo de aullar sin parar. Ni siquiera me acordaba que fui loba y tu mi lobezno favorito en un rito de amor que me parí sin dolor, con mucha sangre y mucha pasión. Como una loba. Tu fantasma, que es vilmente humano, ha abandonado la vieja camada de esta también vieja loba que te supo lamer las heridas. Entonces recuerdo la frase y me río en medio del llanto. - El lobo es el hombre del lobo, musito sin fuerza. Me voy metiendo camino adentro, lamiendo la ausencia de tu fantasma humano. Cae la tarde y me pierdo. Aúllo pero bajito, no quiero convocar a nada ni nadie. Al final, en la estepa, otro lobo me invita a despedazar un trozo de carne. Tengo hambre. Tu fantasma no volverá, es demasiado humano.

jueves, 13 de octubre de 2011

Los partos de mi hermana.

A los diez años de edad al borde de la selva misionera mi hermana me parió. Estas cosas no suceden a menudo y por eso mismo nadie se dio cuenta. Me puso mi primer batita almidonada y me acunó con dulzura. Me ató pañales y me dio mi primer baño. Mi madre la miraba hacer y la alentaba a seguir cuidándome. Cuando tuve diez años quise parir algo y sólo salió un coágulo sanguinolento que mamá miró horrorizada diciendo eso de la hermana muerta y el otro parto, todo en una misma fecha. Mi coágulo cayó sobre el almanaque de nuestras vidas. Mi hermana parió flores y pájaros, la miré de lejos asustada. Me daban tanta rabia esos ojos que miraban desde el gris y la sonrisa compactada en una faz que irradiaba alegría. Después de visitar lugares oscuros mi hermana me regalaba cosas inverosímiles que se robaba. Las escondíamos y nos hacíamos cómplices de fotos de muertos, caballitos de cuero, terciopelos en cintas de colores, pequeñas jarritas ridículas. Teníamos un tesoro robado en distintas cajitas. Un día me mostró el amor y parió muchos en su camino. Se le agrandaron las ojeras, piso más suave, dijo menos cosas, le salieron alas y voló un rato. Quise ir con ella pero mamá dijo que no. Cuando pude volar no la vi, se me perdió. Ahora la ando buscando por otros lados y veo que de lejos, me llama. Seguramente me extraña. Debo parir un vuelo hacia el regazo de mi hermana.

Tres gotas

Cayeron tres gotas siniestras sobre el asfalto. Qué importa qué gotas eran, tampoco qué contenían, las gotas pueden contener todo desde agua, sangre, amor, locura, o la fotonovela de una vida. Cayeron justo en ese pavimento oscuro que hay en mi puerta y me las robé. No me importaba el contenido me importaban las tres gotas, además de ser cabalístico el tres es número para robar. Me las guardé en aquella vieja caja de turrones donde mamá puso un montón de pañuelos blancos bordados. Cuando las puse ahí escuché nítida su voz: llevá un pañuelo. Después las puse en el guitarra que me regaló mi padre y tuve la sensación de que acordes tangueros se emitían con necia resonancia. Ando con las gotas buscando cosas de mis muertos. Pero no quiero entrar en mi propia foto, que está como viva en el estante de siempre. Cayeron tres gotas siniestras sobre el asfalto de mi tumba.