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martes, 16 de agosto de 2011

Del ingenio y el amor (cuento chino, de la China)


En los tiempos de la emperatriz  Chü-i, había en la corte una ayudante de rango inferior llamada Alike, cuyo  agudo ingenio era conocido sólo por pocos.
Por entonces, debido al desarrollo de la escritura fonética, las mujeres comenzaron a desplazar a los hombres de la escritura. La nueva  caligrafía, más suelta, se adecuaba a la sicología femenina.
Alike, hija de un gran escriba de la corte, heredó también la facilidad de palabra, que escondía muy bien. Su humildad y respeto le impedían ofender a la poco inteligente reina.
Cuenta la tradición que para salvar de un injusto castigo a su compañera Jan Kuie, quien había rendido su amor a un caballero de la corte,  puso a prueba toda su capacidad  creativa.
Jan Kuie, conoció al capitán Tonobu, primer funcionario, en las habitaciones de la emperatriz, durante el concierto de invierno. Como correspondía a su rango, ella estaba sentada sobre almohadones, dos pasos atrás y a la derecha de la reina. Él, en su asiento, en primera fila a escasos metros, pero, en una posición que le impedía   mirarla salvo moviendo exageradamente su cabeza hacia la izquierda. Sólo una excusa podía tener para hacerlo: mirar, sonreír y hacer una inclinación  a la soberana. Cuando lo hizo por cuarta vez, todas las damas (salvo la emperatriz) tuvieron la certeza del motivo de esta extraña conducta.
En realidad, Jan Kuie se enamoró cuando días antes bordaba en la habitación de descanso y lo vio desde el balcón. Su apostura y vestimenta lo hacían lucir, según ella misma le confesó a Alike, como uno de los bellos caballeros representados por los pintores o cantados por los escritores de romances. Vestía un manto forrado en seda; sus pantalones azules, estaban salpicados de bordados con ramas de glicinas; debajo, se asomaban una tras otra las capas de sus vestidos: blancos, violeta claros y otros.
Detrás del balcón, en el jardín, los ciruelos lucían sus flores, rojas a la izquierda, blancas a la derecha, tal como era la costumbre. El sol  del atardecer iluminaba toda la escena y en el interior,  la luz de las velas la hacían  aún más deliciosa.
Alike, nunca supo cuáles fueron los diálogos que se intercambiaron, pero sí, que Jan Kuei había escrito una nota, que llegó a manos desaprensivas y expuesta a los ojos de la emperatriz. Pero, había sido cortada de tal manera que  la mitad restante, y para su sorpresa,  no sólo tenía sentido completo, sino totalmente ofensivo hacia su señora.

                                 Espantosos tormentos
                                 Espero de la Emperatriz
                                 Sufro en silencio
                                 Esta cruel enemiga
                                 Quien me somete sin piedad
                                 Muero cada vez
                                 Nada puedo hacer

                                 Sólo ocultarme a llorar

                                                                 Jan


Enterada Alike, pidió a su amiga que le hiciera saber el contenido total de la carta, pero Jan Kuei se sentía tan avergonzada que prefería “sufrir tormento” antes que decir la verdad.
Alike resolvió entonces que ella escribiría una nueva nota en la que no sólo no aparecería el nombre de su amado, sino que discretamente, la haría llegar a quienes, por su influencia, intercederían ante Chü-i.
Así fue como la inteligente joven, por extraños medios, remitió a varios cortesanos e indirectamente a la emperatriz, la siguiente nota:

Espantosos tormentos estoy dispuesta a soportar.
Espero de la emperatriz su perdón, ante este amor profundo
Sufro en silencio, soñando el momento en que
Esta cruel enemiga: mi alma desesperada
Quien me somete sin piedad, cuando en la soledad
Muero cada vez que tú te marchas.
Nada puedo hacer para dejar de amarte
Sólo ocultarme a llorar, hasta que regresas a mí.
                              Jan Kuei.

La emperatriz, que no se destacaba por su inteligencia, pero sí por su sensibilidad frente al amor, no cejó en su empeño en descubrir al amado y entonces, obviando el respeto a las reglas establecidas “obligó” a los amantes a vivir como esposos “hasta que el amor los separe”, según dijo, durante la ceremonia, frente a la mirada entre sorprendida y burlona de sus cortesanos. Entre tanto, Alike cumplía con los ritos, serena y silenciosa, ocultando a los ojos de todos el placer que le producían los rostros radiantes de felicidad de los novios.

2 comentarios:

Colombina dijo...

Un triunfo del Amor y de la Inteligencia...

D. Inés Cortón dijo...

Así es Colombina, cada tanto me resulta casi una caricia escribir historias que "terminan bien", aunque parezcan fuera de onda. Gracias por comentar.