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jueves, 2 de febrero de 2012

Como un cristal


Débil, frágil  
temiendo
al movimiento y al ruido
que separa
que une
que limita y expande

Como un cristal

Una renuncia a los simples gestos
a las grandes fatigas
Que no tensa ni cede
que no oculta.

Iones, átomos y moléculas
recorren mis venas
se encadenan, se enredan
se ordenan y desordenan.
Como un cristal

Mientras caen mis lágrimas
tu mirada me atraviesa
se pierde, se aleja.
Solo mira a través
de un cristal.

miércoles, 11 de enero de 2012

Obstinación



    Sintió la suavidad del musgo en su mejilla; una sombra sobre su cuerpo desnudo; el sonido débil del agua. Boca abajo e inmóvil aún, entreabrió los párpados. Vio la arena interminable y el rastro zigzagueante que se alejaba.
   Otro cuerpo se movió lentamente. Se acercaba. Sintió su aliento. Tensó los músculos.
En el ángulo estrecho de su visión apareció de pronto una mano y en ella la más roja, insinuante y fresca manzana. Movió su brazo y la tomó.
 Cerró resignada los ojos.
 Ya sin dudas, supo que había regresado.

domingo, 1 de enero de 2012


Mientras el sauce llora sus últimas lágrimas,
espero la llegada del invierno.
De pronto, soy la niña que corre con el viento,
que inventa una danza única, nueva.
Y me meto en su piel y en su risa y en sus ojos,
los que miran por vez primera una brizna,
una flor , el sol, la luna
y ese rumor que sube de la hierba.
Es primavera.
Soy el grito que crece salvaje desde entonces
y el silencio que apaga todo grito.
No soy la flor, ni la brizna. No soy sol ni luna.
Sólo soy la que espera que el sauce llore
esa lágrima postrera.
 D-I-C.  (1/1/2012)

sábado, 31 de diciembre de 2011


Quiero dormir en mi poema
Que el sueño  lo acune y la imaginación lo encienda.
Quiero vivir como un poema
Con paso lento y buscando las palabras
que unan el atrás y el adelante.
Quiero dormir en los instantes
En el silencio
En  el límite de la conciencia
Pensándome cuando nadie me piense.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Un niño muy pobre.

Creo que comencé a quererlo cuando me contó en una cita que debió ser para el sexo, su historia de niño paupérrimo. Mirarlo así vestido con ropas caras, con su auto flamante y sentir que no mentía me inspiró una ternura tan profunda, que terminé enamorada. Fue huérfano de sentimientos: un padre que se va dejándolo sin apellido, una madre que vive con un hombre que lo usa y abusa, unos hermanitos que crecían como podían, unos tíos que miraban para otro lado. Fueron de verdad tan pobres que comían mal. Tan pobres que comenzó a vender de todo cuando apenas tenía edad para ser un escolar. Se fue de su casa con el sólo recuerdo de una hermana mayor que tampoco estaba más. Y empezó su historia, la verdadera. Ser peón rural y escaparse a la capital. Ser casi esclavo en la casa del tío y escaparse a trabajar cuando al fin tuvo la edad. Después lo persiguieron, como a todos, éxitos y fracasos. Los éxitos los clasificaba en mujeres hermosas y dinero. Fracasos en sus adicciones al alcohol y una hija que no tenía, una madre perdida, un montón de hermanos sin ver. Por momentos fui su escudo, aún tan joven, aún tan ligera con mi loca carrera de letras y revoluciones, pero aprendió a cambiar. Lo amé por eso. Lo amé porque mi madre era la suya, porque mi hijo fue el suyo. Nada más que por eso se puede amar hasta entregar la vida por alguien así de honesto. Nada más que por eso se puede amar a alguien tan valiente que se bate a duelo con la dictadura por salvarte y salvar a tu hijo. Nada más que por eso se puede amar al hombre que a punto de suicidarse por una enfermedad sin treguas, te jura por los hijos que no lo hará, y sufre el calvario hasta el final sin arrepentirse, sin quejarse. Amor fue con Mayúsculas. Lo demás, las treguas, los fracasos, lo que no pudimos hacer, también formaron parte de la historia. Pero sin embargo no pudo con nosotros, fuimos más que muchas cosas feas, fuimos mucho más. Era un valiente y yo no me quedaba atrás. Dos locos peleando con el destino marcado a fuego sobre la piel de cada uno. Han pasado ya doce años y no lo veo, sólo cuando viene a mi sueño. Es hora de contar la historia, los que dicen que no tuve duelo no saben lo que me cuesta aún escribir su nombre sin intentar salir corriendo de mí, del destino, de la ausencia. Sobre todo cuesta contar lo que son los duelos en vida. Varios duelos en vida. Muchos, demasiados. Al fin hay que dejar ir a los que se van, para que la muerte no te mate el alma. Lo sigo intentando pero ahora, quiero contar un poco la historia, para los niños que no lo conocieron y los hijos, que siempre quieren recordarlo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sobrevivientes.

…me abrí a su hombro, a su pecho, a su cara, a su sexo, a su risa y su osadía. Cuando supe cuanta valentía tenía ya era tarde para cerrarme, me había conquistado y hasta sospechaba que dios existía cuando me abrazaba. Fuimos trotando alegres por el camino de los amores nuevos. Después llegó lo inevitable, el trágico olvido de los fuegos, el camino largo de pensar de nuevo si me equivoqué, si debí, si pude cambiar el destino…pero llegó cantando a muerte, eso no se puede borrar con goma de lápiz. El trazo de la muerte es indeleble. Él postergó su hombría, yo postergué como pude a la misma muerte. Fue muy largo el sendero del dolor, pero lo partía al medio la alegría de un niño pícaro y una princesa rubia. Empecé a garabatear letras, no hice terapia, otra vez jugué a curarme con mis propias manos, las letras se me daban como a él la enfermedad. No me hice famosa. No vendí grandes libros, sólo logré evadir el dolor insano que emanaba su desesperación oculta. Me volví loca. Me batí a duelo con la muerte que le agotaba la vida y era aún tan joven…Salí heroica cantando una melodía inventada. Me puse a tiro con la vida que era otra, otra y otra…pero nada se recupera eso es mentira. Al final, fue nuestra mejor parte aunque ya no éramos tan jóvenes, ni tan soberbios, ni tan enamorados. Me fui un montón de veces, nunca me dejó. Cuando me fui de verdad agonizó de amor otra vez: me volvió a enamorar. No supe cómo decir que no. Y crecí y me vio crecer y sólo se dejó morir cuando me vio lo suficientemente grande como para no morirme atrás de él. Ahora de vez en cuando lo sueño. Sigue siendo un hombre sonriente. Lo veo y me despierto con miedo, pero no sé por qué si al final sólo se murió cuando pudo verme fuerte, cuando pudo verme lejana, cuando pudo verme tan mujer que era capaz de sobrevivir sin él e inventarme otro futuro.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Un tipo así.

Un tipo así, tan de otro mundo diría mi abuela fisgoneando desde su eterno balcón de la costura. No pierdas ese partido, diría mi tía la viuda, la eterna enamorada de las novelas. Un tipo así era casi un suicidio pero me arrojé al vacío… Un gato sigiloso, un caimán devorando, un pretencioso león, un águila…el zoológico vivo, era todo y uno solo. Era el grito agónico de sus pasos en mi corredor, era capaz de ser camaleón…cambiar, cambiar, cambiar… Mi eterno estado de no poder con la rutina me lo agotó con su camuflaje de amante, de patrón, de novio, de esposo devoto, de lujurioso…y comencé a soñar de nuevo. Era tan fácil ser seducida por su varonil presencia y soñar, permitirme soñar…pero entonces llegó aquella capucha atroz, los días del olvido, llegó la ausencia sin aviso, llegó la tortura y la muerte cercana. No fui la misma pero su abrazo me perdonó todo el pasado y todo el futuro. No lo supe. Sólo lo abracé. Parí mis hijos, los suyos, parí mi dolor y luego, agonicé con el suyo por una eternidad. En el camino quedamos los dos con un lazo indestructible que me mareó cuando ya no lo tuve. Ese lazo fue tan fuerte que no supe bien para dónde ir, aunque tenía un largo presentimiento que olía a muerte. Me quedaron los hijos, los nietos que no pudo ver, retoños de su valentía…me quedó el recuerdo solapado guardado en lo hondo de un corazón que de nuevo, se atrevió a soñar pero con los ojos abiertos. Me quedó todo. Lo bueno, lo feo y su estampa de tigre marcada a fuego en el alma.