Vistas de página en total

sábado, 31 de diciembre de 2011


Quiero dormir en mi poema
Que el sueño  lo acune y la imaginación lo encienda.
Quiero vivir como un poema
Con paso lento y buscando las palabras
que unan el atrás y el adelante.
Quiero dormir en los instantes
En el silencio
En  el límite de la conciencia
Pensándome cuando nadie me piense.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Un niño muy pobre.

Creo que comencé a quererlo cuando me contó en una cita que debió ser para el sexo, su historia de niño paupérrimo. Mirarlo así vestido con ropas caras, con su auto flamante y sentir que no mentía me inspiró una ternura tan profunda, que terminé enamorada. Fue huérfano de sentimientos: un padre que se va dejándolo sin apellido, una madre que vive con un hombre que lo usa y abusa, unos hermanitos que crecían como podían, unos tíos que miraban para otro lado. Fueron de verdad tan pobres que comían mal. Tan pobres que comenzó a vender de todo cuando apenas tenía edad para ser un escolar. Se fue de su casa con el sólo recuerdo de una hermana mayor que tampoco estaba más. Y empezó su historia, la verdadera. Ser peón rural y escaparse a la capital. Ser casi esclavo en la casa del tío y escaparse a trabajar cuando al fin tuvo la edad. Después lo persiguieron, como a todos, éxitos y fracasos. Los éxitos los clasificaba en mujeres hermosas y dinero. Fracasos en sus adicciones al alcohol y una hija que no tenía, una madre perdida, un montón de hermanos sin ver. Por momentos fui su escudo, aún tan joven, aún tan ligera con mi loca carrera de letras y revoluciones, pero aprendió a cambiar. Lo amé por eso. Lo amé porque mi madre era la suya, porque mi hijo fue el suyo. Nada más que por eso se puede amar hasta entregar la vida por alguien así de honesto. Nada más que por eso se puede amar a alguien tan valiente que se bate a duelo con la dictadura por salvarte y salvar a tu hijo. Nada más que por eso se puede amar al hombre que a punto de suicidarse por una enfermedad sin treguas, te jura por los hijos que no lo hará, y sufre el calvario hasta el final sin arrepentirse, sin quejarse. Amor fue con Mayúsculas. Lo demás, las treguas, los fracasos, lo que no pudimos hacer, también formaron parte de la historia. Pero sin embargo no pudo con nosotros, fuimos más que muchas cosas feas, fuimos mucho más. Era un valiente y yo no me quedaba atrás. Dos locos peleando con el destino marcado a fuego sobre la piel de cada uno. Han pasado ya doce años y no lo veo, sólo cuando viene a mi sueño. Es hora de contar la historia, los que dicen que no tuve duelo no saben lo que me cuesta aún escribir su nombre sin intentar salir corriendo de mí, del destino, de la ausencia. Sobre todo cuesta contar lo que son los duelos en vida. Varios duelos en vida. Muchos, demasiados. Al fin hay que dejar ir a los que se van, para que la muerte no te mate el alma. Lo sigo intentando pero ahora, quiero contar un poco la historia, para los niños que no lo conocieron y los hijos, que siempre quieren recordarlo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Sobrevivientes.

…me abrí a su hombro, a su pecho, a su cara, a su sexo, a su risa y su osadía. Cuando supe cuanta valentía tenía ya era tarde para cerrarme, me había conquistado y hasta sospechaba que dios existía cuando me abrazaba. Fuimos trotando alegres por el camino de los amores nuevos. Después llegó lo inevitable, el trágico olvido de los fuegos, el camino largo de pensar de nuevo si me equivoqué, si debí, si pude cambiar el destino…pero llegó cantando a muerte, eso no se puede borrar con goma de lápiz. El trazo de la muerte es indeleble. Él postergó su hombría, yo postergué como pude a la misma muerte. Fue muy largo el sendero del dolor, pero lo partía al medio la alegría de un niño pícaro y una princesa rubia. Empecé a garabatear letras, no hice terapia, otra vez jugué a curarme con mis propias manos, las letras se me daban como a él la enfermedad. No me hice famosa. No vendí grandes libros, sólo logré evadir el dolor insano que emanaba su desesperación oculta. Me volví loca. Me batí a duelo con la muerte que le agotaba la vida y era aún tan joven…Salí heroica cantando una melodía inventada. Me puse a tiro con la vida que era otra, otra y otra…pero nada se recupera eso es mentira. Al final, fue nuestra mejor parte aunque ya no éramos tan jóvenes, ni tan soberbios, ni tan enamorados. Me fui un montón de veces, nunca me dejó. Cuando me fui de verdad agonizó de amor otra vez: me volvió a enamorar. No supe cómo decir que no. Y crecí y me vio crecer y sólo se dejó morir cuando me vio lo suficientemente grande como para no morirme atrás de él. Ahora de vez en cuando lo sueño. Sigue siendo un hombre sonriente. Lo veo y me despierto con miedo, pero no sé por qué si al final sólo se murió cuando pudo verme fuerte, cuando pudo verme lejana, cuando pudo verme tan mujer que era capaz de sobrevivir sin él e inventarme otro futuro.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Un tipo así.

Un tipo así, tan de otro mundo diría mi abuela fisgoneando desde su eterno balcón de la costura. No pierdas ese partido, diría mi tía la viuda, la eterna enamorada de las novelas. Un tipo así era casi un suicidio pero me arrojé al vacío… Un gato sigiloso, un caimán devorando, un pretencioso león, un águila…el zoológico vivo, era todo y uno solo. Era el grito agónico de sus pasos en mi corredor, era capaz de ser camaleón…cambiar, cambiar, cambiar… Mi eterno estado de no poder con la rutina me lo agotó con su camuflaje de amante, de patrón, de novio, de esposo devoto, de lujurioso…y comencé a soñar de nuevo. Era tan fácil ser seducida por su varonil presencia y soñar, permitirme soñar…pero entonces llegó aquella capucha atroz, los días del olvido, llegó la ausencia sin aviso, llegó la tortura y la muerte cercana. No fui la misma pero su abrazo me perdonó todo el pasado y todo el futuro. No lo supe. Sólo lo abracé. Parí mis hijos, los suyos, parí mi dolor y luego, agonicé con el suyo por una eternidad. En el camino quedamos los dos con un lazo indestructible que me mareó cuando ya no lo tuve. Ese lazo fue tan fuerte que no supe bien para dónde ir, aunque tenía un largo presentimiento que olía a muerte. Me quedaron los hijos, los nietos que no pudo ver, retoños de su valentía…me quedó el recuerdo solapado guardado en lo hondo de un corazón que de nuevo, se atrevió a soñar pero con los ojos abiertos. Me quedó todo. Lo bueno, lo feo y su estampa de tigre marcada a fuego en el alma.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

En los ojos de la vacas

Hoy estuve de vuelta en el camino. Piedras calientes de sol tempranero, florecitas multicolores, tan pero tan pobrecitas, algún que otro pasto apretado en el borde y el perfume de las vacas que pastan mudas y tristes como siempre. Creo que fue ese aroma campero que me trajo la imagen del viejo medio indio que fue mi tío abuelo, la leche sacada tibia de la ubre rosada, tomarla ahí mismo, romper el sabor contra el paladar de la infancia. Entonces supe que recordaría a mamá. Por lo de la leche, mi primer sabor en la vida. Era una siesta similar a la de hoy. Había un plantío de albaca y unas flores que mi madre aseguraba que bajaban la fiebre, no puedo recordar el nombre, eran azules. Yo tenía mucha fiebre y mamá insistía que en bebiera el agua azulada de las flores. Me negaba, resistía, hasta que mi hermana y mi tía me engañaron, la bebí sin darme cuenta. Creo que al instante vi las vacas, fue la primera vez que las miré a los ojos, tenían los mismos ojos tristes y cansados de las vacas que vi hoy. Ese día cuando bebí el agua vi en los ojos de las vacas al abuelo muerto, tenía su sonrisa de siempre y me mostraba otro camino sin flores azules, sólo amarillas. Me fui con el abuelo y lo perdí en un recodo verde del sendero sinuoso. Quise gritar pero me quedé asombrada viendo como venían hacia mí unos zorros de cola roja. Me miraron con esa cara, tuve miedo, pude gritar pero me hicieron señas que no, con la pata, una seña humana. Hoy en este otro camino, en los ojos de las vacas volví a ver muertos. Pero son tantos que debí traspasar la mansedumbre de esos ojos para enterarme que en el otro camino también hay flores que no son azules. Después caminé con todos ellos y me di cuenta que los llevaba como prendidos a los talones y a la sombra. Son demasiados muertos y a todos los quiero tanto que seguí caminando tratando de no perder de vista a las vacas porque son las únicas que posibilitan estos encuentros atrás de esos ojos mansos que mañana agonizarán en un matadero.

sábado, 29 de octubre de 2011

La bruja de la aldea.

La bruja de la aldea se enfermó. Se enfermó y llamó, convocó a todos. Nos mandó una tarjeta primorosa bordada con diademas de flores naturales que desaparecían al leer la nota. No soporté su enfermedad y me escondí en un ropero que había en el viejo garaje. Adentro del ropero había todo tipo de vestimentas, fui marinero, cocinera y luego novia antigua. Cuando tenía el vestido blanco puesto mi hermana abrió la puerta y me dijo: - Elina está enferma, nos necesita. - No puedo- susurré pero ya me llevaba con vestido de novia. En el camino había numéricas procesiones de animales llevando sus huevos en ofrenda. Fui cuidándolos hasta la puerta y sentí que la parentela gritaba susurrando: - La novia… la novia… No podía avanzar, me pisaban el vestido. Se oía todo el fresco de la tarde cuando entramos a la habitación de Elina. Una luz azul se desprendía de su cabeza y otra brillando naranjas salía de su boca. Donde llegaba su aliento de naranjas se abrían azahares y yo recordé la chacra, la infancia y no supe por qué pero vi todos mis primos alrededor de la cama de la bruja de la aldea. - ¿ Dónde está la novia? – preguntó y ellos me empujaron. - No te vayas ni un segundo – ordenó con aliento de azahares y supe que se moría. Cuando dejó de respirar rotó el viento su sentido y abandonó la casa. La luz azul y la naranja giraban como locas y se posaban en mi falda. Cuando las luces cesaron las tenía en el centro del vientre, por dentro, acomodándose en mi útero. No quedaba nadie y los animales habían comido sus huevos. Lloré dos o tres lágrimas violetas de muerte. Me quedé dormida y nunca más la vi.

Interludio


Toda ella se ciñe

a una brisa de arpegios.

Escalas de recuerdos
giran,  la envuelven, despiertan.
La armonía se le despereza en notas
y el dolor pierde puntas y aristas
entre claves de sol.

Y ya en estado de gracia
las notas fundan una nueva mujer.

El sonido la antecede.
Mientras un río de notas se le arremolina,
el paisaje musical se torna femenino.
Es melodía y es danza.
Es plena felicidad.